A los 25 años me diagnosticaron diabetes justo una semana antes de irme por cinco meses a Australia. Me había adjudicado una beca para estudiar un semestre.
Recibí la noticia mientras terminaba Pedagogía en Inglés en modalidad vespertina y trabajaba en hotelería de lunes a sábado. La combinación de ambas noticias, fue un torbellino: alegría por la beca y, al mismo tiempo, la sensación de que mi vida cambiaba para siempre al enfrentar una condición crónica desconocida.
Al volver a Chile, entré en piloto automático. Retomé mi rutina de siempre, trabajando sin descanso, enfocada en cumplir, viviendo y enfrentando un duelo. No sabía cómo vivir con esta nueva condición crónica, pero entendí que adaptarse también es una forma de avanzar.
Del caos a la oportunidad
No encontraba el estuche ideal para poder transportar mis insumos e insulinas. No quería usar el que me habían entregado en el hospital, un estuche negro y pequeño.
De alguna forma la vida me puso en el lugar correcto y después de superar el miedo, la vergüenza y la disociación, hice realidad el sueño de crear mi propia marca.
Hoy mantengo el mismo propósito: crear el diseño que te genere la emoción contraria a la que yo misma experimenté el día del diagnóstico. Y espero de verdad que mi trabajo sume en el desafío de enfrentar y lidiar con el cambio de rutina que implica la diabetes.